Para ofrecer un buen diseño gráfico tenemos en cuenta qué desea comunicar nuestro cliente y a quién, de qué producto o servicio se trata y cuál será su ubicación en el mercado. Sólo entonces comenzaremos la fase creativa, en la que aplicaremos los múltiples recursos disponibles: tipografía, ilustraciones, colores, técnicas de impresión, etcétera.

Buscando siempre la diferenciación; verificando la compatibilidad entre el texto y su estructura gráfica; evitando la saturación de la imagen; comprobando la aplicación del diseño en diferentes soportes y comunicando una experiencia gráfica, trataremos de romper una barrera en la mente del consumidor.

Para la maquetación, sea como sea el tipo de texto, contenga sólo textos o también complejas fórmulas, fotografías y dibujos que lo ilustren, nuestro objetivo es el mismo: páginas ligeras y elegantes que inviten a la lectura.

Finalmente, recibirá los conceptos solicitados en las fechas acordadas y comprobará que hemos entendido lo que nos ha transmitido.